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A cada huésped se le suministra su propio alimento en las cantidades adecuadas y repartidas en dos o tres tomas al día según sus hábitos. 

Las comidas se realizan en grupo para una buena integración pero siempre con nuestra presencia.

Cuando conviven con otros perros y establecen una relación normal entre ellos,  si fuera necesario, es un buen momento para modificar malas costumbres de alimentación, como hacerlo demasiado rápido, hacerlo en exceso o en defecto, etc. El cambio de rutina, la convivencia en manada y 

el ejercicio nos ayuda a poder corregir estos problemas.  

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